La psicología del viajero: ¿por qué necesitamos irnos de vacaciones?

Un hombre, sentado, contempla las montañas
Fuente: Wikimedia

A medida que avanzó el siglo XX, los trabajadores del mundo consiguieron trabajar menos horas y que les pagaran las vacaciones. De esta forma, los viajes como recreación se volvieron un fenómeno masivo. Ahora bien, ¿cuál era la necesidad detrás de ese reclamo conseguido después de huelgas y guerras mundiales? ¿Por qué necesitamos viajar para sentirnos realizados? Se suele pensar que escapamos de nosotros mismos, del lugar donde vivimos, del trabajo de todos los días, con el objetivo de relajarnos de una buena vez. Soñamos con ir a lugares donde nunca antes estuvimos, o visitar sitios en nuestras vacaciones como el casino local, playas paradisíacas, excursiones emocionantes. En definitiva, pensamos que alejarnos de la cotidianidad nos convertirá en otra persona más relajada. Pero ¿y si la magia no está en que nos convertimos en otra persona sino en que nos encontramos a nosotros mismos?

La motivación

Según explican los psicólogos González y Bretones en “La motivación laboral”, la motivación nos impulsa a satisfacer necesidades, que pueden agruparse en primarias, como dormir, o secundarias, como el recibir cariño. Phillip Pearce avanzó diciendo que a medida que crecemos aumenta nuestra necesidad de adquirir cultura, lo cual redunda en un crecimiento personal. Estas teorías explican el viaje como un escape o una búsqueda, pero no analizan factores sociales y psicológicos fundamentales. Y ahí es donde aparece el modelo de John L. Crompton.

El modelo multicausal

Crompton habla de la homeostasis, un término de la biología referido al equilibrio de un organismo con su medio. Si nuestra vida sufre un desequilibrio, aparece el malestar por no estar viajando. En definitiva, la fantasía de que viajar va a resolver el problema. Pero ¿dónde ir de vacaciones? El destino tendrá que ver con un motivo de arrastre, conocer una cultura nueva, y las características socio-políticas del lugar que elegimos. ¿Es seguro? ¿Qué tipo de gobierno tiene? ¿El costo de vida es muy alto? ¿Atraviesan por una crisis económica?

Encontrarse con uno mismo

Vimos que somos seres motivados por distintas necesidades que dependen de nuestra edad y de nuestro medio ambiente. Y que para tomar decisiones contemplamos factores culturales y políticos. Pero ¿y nuestras relaciones personales? ¿Qué sucede con la gente que más queremos? El estrés del trabajo puede trastocar la forma en que nos comportamos cuando volvemos a casa. Incluso puede hacer que no disfrutemos las vacaciones y queramos volver a los pocos días. Por eso es tan importante la desconexión. Después de todo, se trata de soltar lo que nos abruma. Vivir por unos días en un lugar con otras reglas, donde los momentos de encuentro no estén condicionados por los horarios de la vida cotidiana. Disfrutar de desayunos largos en familia, de una piscina de hotel, incluso de no hacer nada. Por eso las vacaciones son tan beneficiosas para nuestra salud mental. Gracias a ellas, afianzamos nuestras relaciones porque conseguimos ser nosotros mismos.

Conclusiones

Más allá del lugar que elijamos, basados en los criterios mencionados anteriormente, no hay decisiones equivocadas si es el destino que queremos. Sea la costa, sea la montaña, esquiemos o surfeemos, lo fundamental será darnos la oportunidad de descubrirnos.